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QUINTANA ROO  

El hampa se apodera de Quintana Roo

Ramón Uresti Hernández
El crimen organizado ha cercado a los cuerpos de seguridad en Quintana Roo.
El ajuste de cuentas entre presuntos narcotraficantes y los asesinatos contra altos mandos judiciales rebasan a los cuerpos policíacos, que no se han dado abasto para acabar con la delincuencia que impera en la región

 


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En Quintana Roo las narcoejecuciones han impuesto un halo de impunidad. Los cárteles de la droga neutralizaron a los diferentes cuerpos de seguridad encargados de combatir el crimen organizado, por lo que Cancún y Chetumal se han convertido en las plazas más “calientes” del sureste del país.

Pese a que las ejecuciones relacionadas con el tráfico de drogas al menudeo han sido motivo para coordinar importantes operativos por parte de los agentes de seguridad de los tres niveles de gobierno, las autoridades se mantienen en absoluto silencio. Todas las instancias se deslindan de responsabilidades y no concluyen las investigaciones, lo que deja en evidencia la protección a los presuntos narcos. Mientras, otros agentes son mantenidos al margen para que no puedan revelar nada que tenga que ver con los expedientes.

Desde julio pasado, Cancún se ha convertido en escenario de atentados y cobro de facturas entre hampones de la más alta escuela. Personas relacionadas con la delincuencia organizada han emprendido sus propias guerras por los cárteles de la droga. Prueba de ello son los asesinatos en los que también han caído jefes policíacos y presuntos vendedores de droga al menudeo.

Los atentados con granadas de fragmentación se han registrado tanto en Cancún como en Chetumal y, de acuerdo con las estadísticas, el 11 de julio inició la pesadilla en este destino turístico. El detonante fue cuando un elemento de la Dirección de Seguridad Pública, identificado como Jonathan Medel Sánchez, de 23 años de edad, fue baleado a plena luz del día en la Súper manzana 20, por un presunto delincuente que iba ser sometido a una revisión de rutina.

El 15 de julio, Eulalio Nava Vera, de 42 años de edad (vendedor de pollos) fue ejecutado en el interior de una camioneta tipo Estaquita Nissan, cuando salía del poblado Leona Vicario. Al circular por el bulevar “Luis Donaldo Colosio” fue ajusticiado por personas desconocidas que se le emparejaron, sin que hasta el momento exista avance de las investigaciones.

La justicia no escapa del hampa

En ese mismo mes, la noche de 26 de julio fue sellada a sangre y fuego. Después de la media noche fue ejecutado por ráfagas de rifle AR-15 el jefe de Estado Mayor de la Dirección de Seguridad Pública, Wilfrido Flores Saucedo, y su escolta, Alejandro Morales Xicoténcal.

Los presuntos sicarios se aparecieron en la avenida Rodrigo Gómez, frente al Instituto Tecnológico de Cancún y desde una camioneta dispararon en contra del jefe de la policía local, quien había realizado un extenso trabajo de investigación sobre las presuntas narco-casitas, protegidas aparentemente por policías de los tres niveles de gobierno.

El 1 de agosto del 2006, a espaldas de la delegación de la Procuraduría General de la República (PGR), fue ejecutado el subdelegado de Procedimientos Penales “A”, Sam Rodríguez Rodríguez, una semana después la dependencia federal detuvo a dos bailarinas que presuntamente tienen relación con los sicarios que se habían establecido en la Región 93, donde el funcionario federal tenía su domicilio particular.

Los crímenes continúan, y el 22 de agosto en la ciudad de Chetumal fue ejecutado Lorenzo Valenzuela Duarte, alias el “Güero”, quien recibió 11 impactos de bala. Su cuerpo quedó en una de las principales calles de la capital del Estado.

En ese mismo lugar fue ultimado el ex agente de la Policía Judicial del Estado (PJE), Rafael Peraza García, quien tenía orden de aprehensión por su presunta relación con un grupo delictivo. Sin embargo, cuando viajaba en una motocicleta, varias personas “desconocidas” le dispararon desde un vehículo en movimiento.

Narcoejecuciones

El 31 de agosto, fue asesinado Gerardo Rosas García, de 33 años de edad, originario del estado de Veracruz, quien se desempeñaba como encargado de un minisúper, ubicado en la Región 73, Manzana 5, donde presuntamente se vendía droga.

Los agresores llegaron a bordo de un vehículo tipo Focus, es el único informe que dieron a conocer los cuerpos policíacos de esta ciudad. Las investigaciones de todos los casos antes mencionados continúan sin resolver por parte de las autoridades correspondientes. “La moneda sigue en el aire”.

El 3 de noviembre aparecieron ejecutados Obed Ramos Ávila, de 24 años de edad, cobrador de la CROC, quien recibió siete impactos, junto a él yacía Ángel Álvarez Pulido, de 37 años de edad, quien presentaba nueve impactos de bala.

Los dos aparecieron la mañana de viernes en un paraje de la autopista Cancún-Mérida, amordazados, atados de pies y manos con huellas de tortura y con el tiro de gracia en la cabeza, al estilo de los narcotraficantes.

El 5 de noviembre por la noche, presuntos vendedores de droga al menudeo acribillaron al contratista Juan Ernesto Lira Medellín, de 23 años de edad. Después de una semana de estos lamentables hechos, hasta la fecha la Policía Judicial del Estado (PJE), no tienen avances de las investigaciones.

La noche del domingo tres de diciembre, a las 21:30 de la noche, en un paraje baldío cercano a la carretera que comunica a Cancún con Mérida, atrás de la planta refresquera de Pepsi, fue ejecutada con el tiro de gracia Irma Díaz Arredondo, , alias la “Lola”, quien distribuía droga en la Región 101.

El cuerpo registró huellas de tortura, murió maniatada y con los ojos vendados, y esto ya ocurrió con el nacimiento del nuevo gobierno federal al mando de Felipe Calderón Hinojosa; hoy sabemos que la ofensiva del estado va sobre el narcotráfico en Michoacán por lo que las cuentas siguen pendientes en Quintana Roo.

Tan sólo en el mes de noviembre se manifestó como el más turbulento del año para Quintana Roo, pues en las ejecuciones del crimen organizado se utilizaron desde armas de fuego hasta piedras, machetes, cuchillos. Fueron hechos sangrientos relacionados con el narcomenudeo, como el acaecido el viernes 3 cuando fueron hallados muertos a balazos Obed Ramos Avila y su cuñado Ángel Álvarez Pulido, secuestrados dos días antes de sus domicilios.

El 4 de noviembre Moisés Montero Vázquez fue ejecutado a las 7 de la tarde en la avenida Chichen Itza, con un balazo en la cabeza. El domingo 5, Juan Ernesto Lira Medellín fue ultimado por sicarios no identificados y en el lugar se hallaron 30 casquillos percutidos.

El sábado 18 de noviembre fue encontrado el norteamericano Thomas Christopher Souza, de 37 años, asfixiado con dos bolsas de plástico en la cabeza a orillas de la Laguna Nichupté, en plena zona hotelera.

Dos días después, en medio de una orgía de alcohol y drogas, dos adictos se lían a golpes por un paquete de marihuana y resulta muerto de 17 puñaladas Luis Fernando Galicia Pérez.

Es así como la justicia no llega a Quintana Roo, mientras las ejecuciones y compra venta de droga hacen de Cancún y Chetumal las plazas calientes del sureste del país.

Publicado: Año 1 Enero 2007 / Número 9



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