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QUINTANA ROO  

Succar Kuri, beneficiario del poder público

Mauricio Conde Olivares
Por medio de prácticas de corrupción el empresario de origen libanés, Jean Succar Kuri, se convirtió en dueño de la mayoría de los locales comerciales del Aeropuerto Internacional de Cancún.

 

 


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El crecimiento económico de Jean Succar Kuri en Cancún derivó de una audaz maniobra de corrupción que estructuró con un empleado de tercer nivel de Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA), justo antes de que el aeropuerto internacional de este destino turístico pasara a manos del Grupo Aeroportuario del Sureste (ASUR).

De ser un simple locatario de la segunda terminal aérea en importancia del país, por su número de operaciones, Succar se perfiló como el propietario de una decena de espacios comerciales que le redituaron millones de dólares en ganancias, así como una importante influencia entre la clase política local y nacional.

Según declaraciones del hoy reo en el penal de Chetumal, fue Carlos Morales Portas el hombre que le abrió las puertas a sus mejores negocios, los más fructíferos de su vida, y no el textilero Kamel Nacif o el actual subsecretario de Seguridad Pública Federal, Miguel Ángel Yunes, ni Emilio Gamboa Patrón, actual coordinador de la bancada del PRI en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.

Una investigación de Contralínea Quintana Roo descubrió la cortina de humo para reservar de miradas indiscretas este, hasta ahora desconocido, “enlace”, que sirvió para tejer las inversiones de los libaneses. Además, marca los entretelones de una disputa familiar en Quintana Roo por los llamados “huesos” políticos o posiciones relevantes en el aparato público mexicano, entre el otrora poderoso grupo de Alfredo del Mazo y el del vigente Emilio Gamboa Patrón.

De esas contradicciones y complicidades ocurrieron los nombramientos más codiciados de la zona y como satélites en movimiento -a veces cercanos, a veces lejanos, pero siempre en el área de influencia- varios resultaron privilegiados al hacerse de las delegaciones federales, y otros -los más- rumiaron sus desventajas y fraguaron sus venganzas.

En esta indagatoria aparecen los nombres de Ana María, Arturo y Carlos Morales Portas al lado del de Alejandro Góngora Vera, en el entramado que rodea el caso Jean Succar Kuri.

La historia

El empresario libanés conoció a Miguel Ángel Yunes cuando éste era subdirector general de ASA, antes de 1988, y en esas fechas el empresario era uno más de los arrendatarios de los locales comerciales de la paraestatal en el aeropuerto internacional de Cancún.

Posteriormente, ASA dejó de operar esa terminal aérea, y es la administración del Grupo Aeroportuario del Sureste (ASUR) quien toma el mando. El empresariado no respetó los derechos de los locatarios y éstos comenzaron a sufrir una voraz persecución, legal e ilegal, a fin de que dejaran la cancha libre a nuevos inversionistas.

Fue entonces, según relata Jean Succar Kuri, cuando conoció a Carlos Morales Portas, un funcionario de tercer nivel de la dependencia. En los momentos de la transición de poderes, el empleado público incurrió en prácticas de corrupción que le costaron al empresario medio millón de dólares, lo que le dio la pauta para hacerse de varios locales comerciales en la nueva etapa del aeropuerto.

La tasa de esta “donación” era de cien mil dólares por local, menciona, pero fue claro que los locatarios no le llegaron al mínimo requerido. Recurrieron a las protestas, a la vía legal para fallidamente asociarse contra ASUR.

Él permaneció solitario, negoció aparte. Mientras, muchos por “pobres” quedaron fuera de la jugada. Succar se apoderó así de varios locales. Los locales que resistieron a la jugada de ASUR fueron aislados con plafones y muros falsos de las corrientes de turistas que pasaban por los nuevos pasillos.

Sus locales permanecían abiertos pero no tenían ventas, caminaban hacia su asfixia financiera. El único que traía respiración artificial en este trance era Succar Kuri, pero no por favores de Gamboa Patrón o de Miguel Ángel Yunes.

Surcar Kuri, en su encierro cancunense, se resistía a revelar quien había sido su contacto en ASA, cuando ya Miguel Ángel Yunes no figuraba en su directorio. Luego, casi en susurro, bajo y pausadamente sentenció: fue Carlos Morales Portas.

Portazo contra portazo

En la familia de los Morales Portas, solamente Carlos no disfrutó los beneficios de la cercanía de Ana Patricia con Alfredo del Mazo, quien la influyó para que ella fuera funcionaria en Europa. Tampoco de la que en su momento tuvo su hermano Arturo con Emilio Gamboa Patrón, antes de que éste cayera en desgracia a su paso por el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

Pero conforme se apaga la estrella de Del Mazo, Ana Patricia comienza su carrera en la entidad, en donde fue delegada del Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (Infonavit) y luego directora del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur) antes de dejarle, muy a su pesar, la estafeta al grupo de Emilio Gamboa Patrón representado por Alejandro Góngora Vega.

En el seno familiar de los Morales Portas quedó la incertidumbre de que Emilio Gamboa Patrón pudo haber hecho algo más a favor de Arturo, quien era su íntimo amigo, cuando se vio envuelto en un escándalo millonario por la adquisición irregular de equipo médico en el IMSS.

En agosto del 2001, el director de esta revista, Miguel Badillo, investigó una millonaria compra a la empresa transnacional Siemens donde el representante a comisión, Jaime Camil, se llevó una buena tajada de una transacción por 24 millones de dólares.

La operación consistió en la adquisición de un equipo médico de diagnóstico por imagen, más su sistema de transmisión y almacenamiento de imágenes digitales para el área de Radiología e Imagen del Hospital de Especialidades del Centro Médico Nacional “La Raza”.

La documentación que acreditaba el pago por más de 20 millones de dólares desapareció. La compra fue hecha por el entonces director general del IMSS, Genaro Borrego Estrada, mientras que en la Contraloría Interna de la institución ocupaba el cargo Alejandro Torres Palmer.

El 6 de agosto del 2001, en la entonces Secretaría de Contraloría y Desarrollo Administrativo (Secodam) —ahora Secretaría de la Función Pública—, que encabezaba Francisco Barrio, se registró la denuncia que involucró a Antonio Báez Pérez, Armando Franco Monterrubio y a Arturo Morales Portas, por un monto 20 veces inferior a la irregular operación IMSS-Siemens.

La sombra del agravio

Originalmente la Secodam presentó una denuncia de hechos ante la Procuraduría General de la República (PGR), por el pago indebido de 13 millones 821 mil 939 pesos, que realizó el IMSS entre 1999 y 2000.

En estos años, la Dirección Administrativa autorizó 4 mil 285 pagos irregulares, algunos por concepto de reembolso de gastos y otros como compensación a la supuesta prestación de trabajos especiales y extraordinarios, que ocasionaron una grave afectación al patrimonio de la Institución por los más de 13 millones de pesos.

La denuncia involucraba a Arturo Morales Portas y al director administrativo y coordinador de personal, Armando Franco Monterrubio, quienes en razón del puesto que desempeñaban debieron estar al pendiente del manejo y aplicación de los recursos en la División de Atención a Servidores Públicos, a cargo de Antonio Báez Pérez.

Uso indebido de recursos

En diciembre de 1999 y enero, mayo y octubre del 2000, Antonio Báez Pérez, titular de la División de Atención a Servidores Públicos, autorizó el pago de retribuciones adicionales a mandos medios y superiores del IMSS, contrarios al Programa de Austeridad de la Administración Pública Federal.

De acuerdo con la Ley de Presupuesto, Contabilidad y Gasto Público y con el Presupuesto de Egresos de la Federación correspondientes a los años fiscales 1999 y 2000, sólo podían otorgarse retribuciones adicionales al salario del personal, si es que estaban asentadas en los programas y presupuestos autorizados al Instituto, requisito que no se cumplió en los 4 mil 285 pagos señalados.

En el caso de los reembolsos de gastos, los ordenamientos internos establecen que éstos debieron cargarse al fondo fijo revolvente, asignado a cada unidad administrativa, nunca a la nómina de estructura, como en estos casos ocurrió.

De los trabajos de auditoría que realizó el Órgano Interno de Control (OIC) del IMSS se desprendió que los 4 mil 285 pagos detectados favorecieron a mil 125 personas, de las cuales 790 no eran servidores públicos, y los 250 restantes, los que sí lo eran, estaban adscritos a diversas delegaciones regionales del Seguro Social.

Los 790 casos de personas favorecidas, sin pertenecer a la Administración Pública Federal, representaron más de 9 millones de pesos, es decir, el 70 por ciento de los 13 millones 821 mil 939 pesos detectados como pagos indebidos.

Las concesiones del aeropuerto

En Cancún, al cobijo de sus relaciones de poder y privilegio y la compra de conciencias con dólares, Jean Succar Kuri amasó una gran fortuna. No sólo con la administración del hotel Solymar y algunas de sus villas, o con la adquisición de propiedades en la entidad y en el extranjero, fue como el “Johny” -como se hace llamar- creció económicamente. También lo hizo en el terreno empresarial de la entidad, como dueño de los locales en la terminal aérea.

Acusado de corrupción de menores, pornografía infantil y violación, hoy Surcar Kuri lucha por su libertad desde el Cereso de Chetumal. En los juzgados penales del fuero común o del federal aún queda por clarificar cómo de ser un simple locatario en el segundo aeropuerto más importante del país, pasó a ser el principal propietario.

Además de ingresos económicos, Solymar Succar recibió muy buena ayuda en la transición administrativa de ASA a ASUR en la terminal área. A la lista de apellidos famosos surgidos en el caso más polémico y controvertido de los últimos años en Quintana Roo, se suma el de la familia Morales Portas.

En esta historia de múltiples recovecos, los nombres de Carlos y Ana Patricia Morales Portas están inmersos en el expediente histórico de la trama que protagoniza Jean Thouma Hanna Succar Kuri, donde el primero supuestamente es señalado de participar en los beneficios indebidos hacia las empresas del acusado de pedofilia.

La relación de los Morales Portas con el empresario libanés se perfila de esta manera, incluso en el origen del vínculo del inculpado con Miguel Ángel Yunes Linares y con Emilio Gamboa Patrón, ex director general del Fonatur, ahora líder de la bancada del PRI en la legislatura entrante de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.

Habría sido, al parecer, Carlos Morales Portas, hermano de la ex directora del Proyecto Cancún en aquellos años, un funcionario de tercer nivel, quien llevó de la mano al presunto pederasta por el camino del rendimiento económico en el aeropuerto internacional de Cancún. Era una relación de complicidad, cuentan fuentes que conocieron a los cómplices en el aeropuerto

Por eso es que Succar y sus negocios habrían sobrevivido al cambio de administración de Aeropuertos y Servicios Auxiliares a Aeropuertos del Sureste. Es más, Carlos Morales Portas, habría sido andamiaje del empresario para fortalecer su inversión en el aeropuerto.

El libanés superó la crisis registrada en esos años, cuando se manifestaron los medianos empresarios ahí asentados, quienes acusaron de despojo injustificado a los nuevos manejadores del aeropuerto de Cancún. “Succar Kuri podía llegar hasta la pista sí él quería”, aseguraron ahí.

Cuando entonces no gozaba de la fama que ahora lo persigue, Jean Succar Kuri disfrutó de su gafete de ASUR, que el mismo Carlos Morales le había conseguido. Con él tenía acceso a todo el aeropuerto, no había restricciones.

Fue este funcionario quien realmente le dio poder a Succar Kuri como empresario locatario, y no Miguel Ángel Yunes como se especula. Incluso la notoriedad de Surcar, el empresario del Aeropuerto, no concuerda en tiempos con la permanencia de Yunes como funcionario del sector Comunicaciones y Transportes.

Supuestamente Carlos Morales como funcionario menor, habría “negociado” muy bien los privilegios que otorgó al libanés, destacando otra vez la personalidad del procesado, siempre a la búsqueda de notoriedad y supremacía.

Dentro del pleito entre los Morales Portas contra Alejandro Góngora Vega el beneficiado fue Succar y hoy muchos esconden la mano que lanzó la piedra.

En este mar revuelto, con toda oportunidad Ana Patricia Morales Portas aparece como abogada del Centro Integral de Apoyo a la Mujer de la entidad, luego de su paso por la Asociación de Hoteles de Cancún, mientras a la sombra de todo este enjuague de los altibajos mediáticos del caso Succar se apuntan los tejes y manejes desde la trama de un ex alcalde del municipio Benito Juárez, añejo gurú que será motivo de una próxima entrega.

El detalle según Succar

Recuerda Jean Succar Kuri que Carlos Morales Portas era gerente comercial de Aeropuertos y Servicios Comerciales y desde antes que arribara ASUR a la administración del Aeropuerto Internacional de Cancún ya sostenía tratos con él. Incluso rememora que Carlos se mantuvo aún dentro de ASUR por sólo seis meses, por lo que llegó a tener contratos firmados con el hermano de Ana Patricia, mismos que tuvo que rescatar de unos archivos de respaldo ante daños ocasionados por el Huracán Wilma.

“Y él lo sabe muy bien”, advirtió.

Con esta amistad obtuvo un trato tan ventajoso que pagaba 350 mil dólares por la exclusividad de sus negocios, mientras que el empresario Rafael Aguirre erogaba por sus locales, como el Burger King, unos dos millones de dólares.

Succar aseguró que en un principio lo trataba muy mal Carlos pero desde que lo buscó y le empezó a mandar maletas de dinero con una persona de su confianza, pues lo empezó a tratar bien.

¡Lo que sí te puedo decir es que este Carlos está loco, era mí amigo, ese tipo tiene la cabeza al revés!, afirmó Succar.

Incluso mencionó a Contralínea Quintana Roo que hay quien puede atestiguar que él le entregaba maletas de dinero y sobres con billetes al funcionario.

Succar recibió en todo momento trato preferencial, así como la conveniente ayuda durante 17 juntas en las que se determinó el destino de los jugosos contratos que obtuvo con ASUR. Carlos Morales Portas salió de esta última empresa poco antes de que los papeles fueran firmados.

Por eso, Rafael Aguirre ofreció dos millones de dólares por el arrendamiento de los locales con igual superficie como los que obtuvo Succar, es decir, el empresario libanés pagaba por 350 metros cuadrados 20 mil dólares al mes y 12 por ciento de participación, cuando Burger King liquidaba con 90 mil dólares y 22 por ciento de participación.

En síntesis, Carlos Morales Portas tardó seis meses en entregar a ASUR y dejó el contrato de exclusividad fincado a favor de Surcar Kuri. Todo a través de la empresa Kanan Banana. Luego, el empresario libanés terminó voluntariamente el arrendamiento, en esas fechas se dio el rompimiento con el clan de los Gabino Andrade.

 

Publicado: Año 1 Agosto 2006 / Número 5



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