SuscripcionesContactoPublicidad Directorio Hemeroteca Mapa de sitio
QUINTANA ROO  

Crimen sin castigo

Xavier Méndez Camacho
Las líneas investigación en torno al asesinato del subdelegado de la PGR en Quintana Roo, Sam Rodríguez Rodríguez, revelan que el narcotraficante Joaquín “El Chapo” Guzmán pudo ser quien ejecutó al funcionario público

 

 


Publicidad

Los asesinos del subdelegado regional de procesos penales “A”, de la Procuraduría General de la República en Quintana Roo, Sam Rodríguez Rodríguez, están plenamente identificados por la Subprocuraduría Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO).

Los retratos hablados de los dos ejecutores, dados a conocer públicamente, se realizaron con aportaciones de los testigos presenciales de los hechos ocurridos la noche del primero de agosto de 2006, a espaldas de la delegación regional ubicada sobre la avenida José López Portillo de esta ciudad, y la copia de la credencial de elector del asesino material e intelectual del funcionario federal, que se encontraba a nombre de Benjamín Téllez Pérez, identidad robada.

Contrario hasta lo que ahora han publicado medios locales y nacionales -en el sentido de que el funcionario federal fue asesinado porque había descubierto una amplia red de corrupción y complicidades con el crimen organizado dentro de la delegación regional en Quintana Roo, que encabeza Pedro Ramírez Violante-, una investigación de Contralínea revela lo siguiente:

Sam Rodríguez Rodríguez pudo haber sido victimado por cuestiones pasionales tejidas alrededor de uno de los poderosos miembros de la mafia del narcotráfico sinaloense, encabezada por Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo Guzmán”, cuyo alias es también el de “Benjamín Téllez Pérez”, quien mantuvo relaciones sentimentales clandestinas con la hoy viuda del funcionario federal Ana Elsa Meza Montoya en su natal Culiacán, Sinaloa.

Ana Elsa y “Benjamín” han desaparecido. “Benjamín” es buscado oficialmente por el crimen del funcionario federal y se piensa que es protegido hasta ahora por el Cártel de Sinaloa, mientras que a Ana Elsa y su hijo Javier Alejandro Rodríguez Meza prácticamente se “los comió” la tierra. Ana Elsa no quiere saber más del homicidio de su esposo y en su anterior domicilio en Infonavit, Barranco de Culiacán, ya no vive, tampoco en el que tenía registrado en la ciudad de Puebla. 

A raíz del artero asesinato y al inicio de las primeras investigaciones, realizadas por la Agencia Federal de Investigaciones (AFI), la Procuraduría General de la República (PGR) ejerció acción penal en contra de Carmen Obdulia Martínez Montiel y Miriam Alcocer Arellano.

A estas dos jóvenes, bailarinas de table dance en la “Plaza 21” -zona de tolerancia de Cancún- las acusa la PGR de ser presuntas responsables del delito de homicidio calificado en grado de coparticipación. Carmen y Miriam están presas bajo proceso en la Cárcel Pública Municipal de Benito Juárez, a disposición del Juzgado Segundo de Distrito en el Estado de Quintana Roo.

En su momento, Guadalupe Cerino, vocera de la institución en Cancún, explicó que derivado de la consignación de la averiguación previa PGR/QROO/CAN/453/2006-1, por parte del agente del Ministerio Público de la Federación en contra de Martínez Montiel y Alcocer Arellano, el juez de la causa libró la correspondiente orden de aprehensión por su probable coparticipación de los hechos en los que perdiera la vida el subdelegado Sam Rodríguez Rodríguez.

Bailarinas claman su inocencia

Entrevistadas en el interior de la Cárcel Pública Municipal de Cancún, Miriam Alcocer Arellano y Carmen Obdulia Martínez Montiel, de 23 y 20 años de edad, consignadas al juez segundo de lo penal “por su probable coparticipación de los hechos en los que perdiera la vida el Subdelegado Sam Rodríguez Rodríguez” claman su inocencia.

La Procuraduría General de la República las acusa de que brindaban información a los sicarios “que aunque ya se encuentran plenamente identificados están prófugos.

“A estas mujeres se les encomendó la misión de vigilar las actividades del funcionario federal, desde que salía de su domicilio hasta llegar por la noche a su casa”, dice la PGR en su consignación al juez.

Sin embargo, ellas manifiestan que los agentes federales que las detuvieron las amenazaron de muerte para que se declararan culpables. Que les “iban a romper la madre” si no decían quiénes eran sus cómplices; que la única testigo que las señala se contradice y que el supuesto autor material del homicidio, según ellos, es un arquitecto de nombre “Javier”, que tiene una constructora denominada INDI en Playa del Carmen con el que Miriam y dos de sus compañeras habituales (Asia y Axel) salieron en diversas ocasiones, pero que nada tiene que ver con el homicidio.

Únicamente lo relacionan porque tiene cierto parecido al hombre que mató a Sam Rodríguez, que usa una identidad robada con el nombre de Benjamín Téllez Pérez, un narcotraficante del Cártel de Sinaloa, que fue filmado en el Aeropuerto Internacional de Cancún. 

Narra Miriam que un día después del homicidio, el miércoles 2 de agosto, se enteraron por la radio de la muerte del funcionario federal. Con engaños, agentes de la AFI se presentaron en su casa, que se localiza muy cerca del domicilio de Sam Rodríguez y les pidieron que fueran a la PGR porque les querían hacer unas preguntas.

Allí fueron interrogadas durante varias horas por los federales, quienes les presentaron un video tomado con las cámaras interiores de seguridad de Aeropuerto Internacional de Cancún, de una persona que no se alcanza a distinguir en los pasillos de la terminal aérea, pero que presumiblemente se parece al arquitecto “Javier” con el que salieron en varias ocasiones a divertirse. 

Refiere que tanto su amiga Carmen Obdulia como ella trabajan en centros nocturnos, como el “Marlin Safari”, de bailarinas, por lo que se van por la tarde y regresan a dormir hasta el otro día. Entonces nunca se dieron cuenta que muy cerca de ellas vivía el funcionario asesinado, pese a que una vecina de nombre Mayra Yadiria Vidriales Morales las señala como las que “vio” días antes del homicidio rondar por el domicilio de Sam Rodríguez y de su esposa. 

Los federales comprobaron que el día de los hechos ellas se encontraban trabajando, y aún así fueron encarceladas por el simple dicho de una persona que pudo haberse confundido porque no existe “tiempo, lugar y circunstancia”. 

Miriam asegura que la amiga de nombre Asia, que fue quien le presentó al arquitecto de la empresa INDI está desaparecida. Sin embargo esto podría no ser raro ya que estas mujeres se cambian de un lado a otro, de acuerdo con su conveniencia.

Señala que solamente salió dos veces con ese señor, y que cuando lo hizo iba tomada. Que nunca le refirió que buscara a un federal y nunca lo llevó a su casa. Sin embargo ella y su amiga fueron arraigadas en el hotel Avenida, ubicado en la López Portillo desde el 5 de agosto hasta que fueron internadas a mediados de septiembre en el penal de Cancún. 

Carmen Obdulia Martínez Montiel, soltera, de 20 años de edad, originaria de Jalapa, Veracruz y de ocupación bailarina, niega las imputaciones que le hacen. Dice que nunca ha visto a las personas que la señalan, pues trabaja por la noche y en esos días se encontraba laborando en el “Katunga” y en el “Milenio” que se encuentran en “Plaza 21”, donde se concentran la mayoría de establecimientos de nudistas.

Asegura que en el día dejaba a su hija Penélope, de tres años de edad, con una familia de apellido Chimali, y que el día de la ejecución recogió a su hija temprano. Hizo unas compras y la llevó al Mac Donald y de ahí se fue a trabajar, lo que pudo ser corroborado por la SIEDO. 

La principal testigo

En base al testimonio de Mayra Yadiria Vidriales Morales, de 30 años de edad, originaria de Mazatlán, Sinaloa, con domicilio en Fraccionamiento San Antonio en Cancún, Quintana Roo, y de otro vecino de nombre Daniel Camacho (los dos viven muy cerca del domicilio de Sam, enclavado en la supermanzana 93, manzana 24, lote 7, calle 6, del Fraccionamiento San Antonio, al igual que las dos bailarinas) la policía elaboró dos retratos hablados.

El primero, al que se le atribuye la autoría material de la muerte de Sam Rodríguez es un individuo de 40 años de edad, complexión robusta, tez blanca, portaba gorra, ojos rasgados, nariz regular, sin bigote, boca regular con un poco de barba, como de piochita de 1.70 metros de estatura. Tiene huellas de acné en el rostro: “como cacarizo”. 

El día que Mayra lo vio vestía una camisa tipo hawaiana floreada, y bermudas negras. La mujer alcanzó a verle vello “güero” en las piernas. Iba acompañado de otro hombre, de tez morena, de 1.75 metros de estatura, cabello negro, corto, complexión delgada, de 38 años, frente regular, cejas pobladas, ojos grandes “color oscuro”, nariz semirespingada. Bigote semipoblado, labios gruesos, boca chica, playera blanca pegada al cuerpo, pantalón de mezclilla. 

Según Mayra Yadiria, cuatro individuos fueron vistos abordar el vehículo negro marca Renault modelo Megane negro, con placas de circulación 865 TTK del Distrito Federal con número de serie VF1LM3HH35R525379 el viernes 28 de julio sobre la calle 6 entre los lotes 20 y 21. Este vehículo estuvo por varias horas estacionado primero, y luego dando vueltas a la manzana, al grado de que despertó sospechas entre los vecinos por lo que Mayra Yadiria lo reportó al 066.

Asegura Mayra Yadiria que días anteriores al asesinato vio al famoso Renáult Megane negro rondando por la colonia, y que testigo de ello es su amigo, Daniel Camacho. El auto estuvo estacionado sobre la Calle 6 desde las cuatro de la tarde hasta las 22.30, horas por lo que se le hizo muy sospechoso y lo reportó a la policía pero nadie llegó para verificar. 

Ella, junto con Daniel, subieron a su camioneta, una Ford Lobo negra, y sorpresivamente se les emparejaron a los del auto negro para preguntarles qué hacían ahí. Los ocupantes del Megane les dijeron que su presencia obedecía a que no eran de Cancún pero que estaban buscando casa. Daniel revisó el vehículo pero no encontró nada y tuvieron que irse, pero se quedaron con la duda de qué hacían ahí estos sujetos que hablaban con acento norteño “tipo Sinaloa”. 

Mayra Yadiria sostiene que las mujeres que vio en el Megane son las mismas que el miércoles 2 de agosto se bajaron de un taxi en la calle 8 lote 2 de la región 93. Se trata de Miriam y Carmen Obdulia. Lo mismo afirma Maria Santana Matus Carrillo de 39 años de edad, originaria de Tuxtla, Gutiérrez, Chiapas, de ocupación ama de casa y vecina del lugar. El Megane fue el que se le puso enfrente a la camioneta que ese día conducía el subdelegado regional para entramparlo, con la cual se impactó. 

Los Asesinos El Megane está a nombre de Benjamín Téllez Pérez y dio como domicilio para hacer sus trámites de emplacamiento el de Calle Calandrias, Manzana 3, Lote 3 colonia Galeana, delegación Alvaro Obregón. También dio otro, en la calle Halcón, manzana 4, lote 7, de la misma colonia con código postal 1470.

También, a través de una copia de la credencial de elector (que obra en poder de la SIEDO) Benjamín Téllez Pérez da como su domicilio la calle de Ayala número 52, en San Mateo Ozolco,74180, en Calpan, Puebla. Naturalmente todos estos domicilios son falsos. Y la identidad del homicida principal de Sam es robada.

Esto quiere decir que no es el verdadero nombre de este narcotraficante que usó el alias de “Benjamín Téllez Pérez” para cometer sus crímenes.

La Subprocuraduría Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO), ha podido establecer que este sujeto pertenece al Cártel de Sinaloa y que, por sus vínculos amorosos que tenía con la esposa del subdelgado regional de la PGR Sam Rodríguez fue él mismo quien se encargó, junto con un cómplice, de asesinar al funcionario federal. Del otro ejecutor no se tienen mayores datos más que el retrato hablado. 

Ana Elsa

La hoy viuda de Sam Rodríguez, subdelgado regional de la Procuraduría General de la República en Quintana Roo, Ana Elsa Meza Montoya tuvo una relación extramarital con un poderoso narcotraficante del Cártel de Sinaloa, encabezado por Joaquín “El Chapo” Guzmán lo que le costó la vida al funcionario federal que descubrió la infidelidad de su hermosa esposa, ha concluido la Subprocuraduría Especializada en Delincuencia Organizada.

Cuando la sinaloense Ana Elsa Meza Montoya se casó con Sam Rodríguez Rodríguez, originario de Guadalajara, Jalisco, en el año de 1997, tenía solamente 15 años mientras que el futuro funcionario de la PGR contaba con 22.

Investigaciones realizadas por la SIEDO en torno a la vida familiar del subdelegado afirman que por los cambios de adscripción que tuvo en su trayectoria como agente del Ministerio Público Federal, su esposa no siempre lo acompañó. Estuvo en Toluca, en Chalco, Estado de México y en la ciudad de Puebla mientras que Ana Elsa vivía en su natal Culiacán, Sinaloa. Sam Rodríguez Rodríguez, cumpliría 33 años, el pasado 30 de agosto y trabajaba en la Procuraduría General de la República desde febrero de 1998, mientras que Ana Elsa acaba de cumplir 24 años de edad.

Siempre, desde su ingreso a la dependencia Sam tuvo misiones delicadas, principalmente en investigaciones de narcotráfico. Estuvo comisionado en agosto de ese mismo año, a la Unidad Especializada contra la Delincuencia Organizada (UEDO), ahora SIEDO.

En los últimos años se desempeñó como agente del Ministerio Público de la Federación, adscrito al Tribunal Colegiado en Materia Civil, en Materia de Procesos, a la Unidad de Asuntos Especiales, en la agencia Quinta y en la agencia Primera de la delegación de la Procuraduría General de la República en el Estado de México, pero siempre estuvo ligado a la SIEDO que encabeza José Luis Santiago Vasconcelos.

Sam Rodríguez participó activamente en investigaciones relevantes sobre narcóticos en el Distrito Federal y en el estado de Guerrero .

Fue hasta ahora, últimamente, cuando Ana Elsa hacía vida conyugal con su marido en una casa de Cancún.

Aunque para la opinión pública, Sam Rodríguez Rodríguez era un “funcionario ejemplar”, como lo definió el procurador general de la República, Daniel Cabeza de Vaca en sus funerales, había “lados oscuros” en su vida que solamente salieron a relucir tras su muerte.

Así, la policía pudo establecer que Ana Elsa tuvo una relación extramarital con un poderoso narcotraficante -al parecer con el alias de “Benjamín Téllez Pérez”- de Sinaloa, que estuvo a punto de quebrantar su matrimonio. Empero, Sam la perdonó y ya en Cancún prácticamente “se había olvidado todo”.

Una fuerte línea de investigación, todavía no acabada, revela que secuelas de ese amorío de Ana Elsa con el traficante estaban presentes y que el narcotraficante estaba empecinado a que Ana Elsa volviera con él, como ella se negó, mató a su marido para quitar el principal obstáculo que le impedía tenerla cerca. Se desconoce si se han visto nuevamente.

Publicado: Año 1 Diciemre 2006 / Número 8



Tu opinión:

Tu nombre:
E-mail

Escribe tu mensaje aquí:

Publicidad

Caricaturistas de Contralínea
De Actualidad

 

 

Publicidad

 

Avance Contralínea
 


En la República:  

Números atrasados





Baja California   Chiapas   Chihuahua  Coahuila  Estado de México  Guanajuato Oaxaca  Sinaloa  Veracruz Zacatecas

2005 Revista Contralínea Derechos Reservados CIMCOM
Av. Juárez 88, primero piso, desp. 110 y 111. Col. Centro, México D.F.
Tels: 9149-9802 /03 /05

Sitios Recomendados:
| Oficio de Papel | Revista Fortuna | Los periodistas | Fraternidad de Reporteros de México |

Responsable del sitio: Gonzalo Monterrosa Galindo